Las Fallas, el arte de lo efímero

 In Falles, Intervencions urbanes

Espacio público, arte urbano, evolución, tradición, sátira y participación: las Fallas, el arte de lo efímero.

PichiAvo graffiti street art intramurs 2014
Plaza de la Botxa. PichiAvo

El arte público es todo aquél que se desarrolla en lugares de acceso público, calles, plazas, jardines, solares, rotondas… de las ciudades que por sus características de accesibilidad, afluencia y diversidad de personas que los transitan, provocan una confrontación sobre lo público y lo privado.

El arte público es por lo tanto participativo. Añadiéndole el factor de lo efímero, se convierte en un arte todavía más democrático. Una democracia que no tiene el porque ser justa porque necesita de la comprensión de toda la ciudad, un complejo contexto sociopolítico con carácter específico que depende de la comunicación, la educación, y otros ámbitos de la cultura.

El arte callejero, traducción de la expresión street art, hace referencia a todo el arte de la calle, frecuentemente ilegal. Pero el arte urbano engloba tanto al graffiti como a otras diversas formas de expresión artística callejera. Entre lo urbano y lo callejero, se aprecia la connotación de molestia.

La molestia en lo urbano es un sentimiento demasiado común. Se suele asociar al graffiti el tag o tager («etiqueta») siendo una manifestación del ego que significa exactamente lo que significa una firma (“yo estuve aquí”). Con consecuencias legales dependiendo de donde se aplique esa firma, ya sea un documento, una pared, un cristal o el resto del mobiliario urbano.

Esa necesidad de manifestar el ego en espacio público, en ocasiones, es un acto vandálico por ser una imposición de un ego sobre otro. Es una necesidad de una parte de la sociedad que siendo un abuso, no por ello va a desaparecer. De ahí la legalidad o ilegalidad del arte público según su “efimeridad”.

El arte urbano tiene la misma vida que una ciudad y por eso está en constante evolución. Entre los géneros de este arte urbano también está el mural colectivo, con diversas técnicas que se alejan de la firma individualista y que plantea la regeneración visual en zonas deterioradas, convirtiendo a las paredes y medianeras de la ciudad en un museo abierto los 365 días del año.

Con un carácter semi-permanente y legal, y que en ocasiones dependiendo de las dimensiones se convierten en una superproducción que necesita de un proyecto con elevado presupuesto. El escenario es el mismo pero el tratamiento no.

Siendo la finalidad del arte, detener al espectador, buscando provocar una reflexión. Las Fallas suponen paralizar la ciudad, vestirla de monumentos y participación ciudadana para celebrar la reivindicación del sentido crítico para luego ser quemadas, es por lo tanto un ejercicio de higiene mental, es permitir que una sociedad avance.

Es, además, una demostración ciudadana que le recuerda al poder político que se puede organizar sin estado y que el poder asociativo es una fuerza a tener más en cuenta. Ese gran espacio de reflexión tan público y lúdico genera una mirada libre que hace que despierte tanto interés. Las Fallas es el evento más grande de arte urbano existente.

Seleccionar un proyecto para la falla municipal ideado por artistas urbanos pone en doble valor la cultura urbana. Generar esa metatextualidad también demuestra una evolución en arte, porque la falla debe ser un espacio de reflexión en el espacio público, un espacio para el arte colaborativo, donde un público cada vez más exigente que nos reclama su participación sea atendido.

La falla por lo tanto debe de cumplir con la sociedad de su tiempo, debe de ser reflejo de una sociedad que evoluciona, que reclama cambios en su sátira para que ya no sea la del chiste homófobo, machista y racista que no hace tanto tiempo nos parecía de lo más divertido; o la deriva hacía la vuelta de una cremà más ecológica, donde ya no nos vale utilizar cualquier material para aumentar el volumen de la falla, hay que volver a reivindicar el fuego. Por lo tanto estamos ante unas fallas que un nuevo público reclama también suyas, no sólo las fallas son del mundo fallero, las fallas si queremos que sean Patrimonio de la Humanidad, deben de ser de todos.

Las Fallas, hoy por hoy, están cumpliendo una función que hace tiempo ya se podía vislumbrar en algún ejercicio fallero arriesgado en tiempos de la dictadura como la falla del Caballo de Troya de Rubert para el ayuntamiento o algunas de Luna, que a pesar de su literalidad, nos introducían en el arte o la arquitectura de una manera más intelectual.

Y por supuesto las fallas que Manolo Martín estuvo plantando, ya en democracia, en el ayuntamiento o en especial. Sus fallas que siempre han contado con todo tipo de colaboraciones: como la de los artistas plásticos Ortifus, Sento Llobel, Sigfrido Martín Vegué, Chema Cobo, etc; o modistos como Montesinos, escritores como Manuel Vicent o teóricos como Paco Jarque.

Manolo Martín es el que instaura la colaboración del artista “no fallero” en el concepto y la realización del monumento fallero, gracias a él hemos llegado a lo que hoy parece de lo más normal, que es reivindicar unas fallas para todos, que sean reflejo de una cultura y de una sociedad contemporánea.

Que Las Fallas estén en contacto con el arte contemporáneo y que el arte contemporáneo también esté en contacto con Las Fallas. Porque no hace tanto decir “eso es fallero” era despectivo, hoy en día existe una especialidad en Bellas Artes que se dedica a la investigación de las técnicas falleras combinando tradición con tecnología. Por lo tanto estamos en plena revolución social fallera y por extensión en plena revolución cultural urbana, pues el ritmo de la sociedad así nos lo ha impuesto.

Desde la primera edición hasta la última edición, Intramurs también pretende generar un espacio de reflexión similar a las Fallas aunque desde otro contexto. Movilizando a la ciudad para generar un contexto cultural y participativo. Intramurs ha programado cada año centenares de eventos que han podido disfrutarse, siempre, de manera libre y gratuita, muchos de ellos han sido intervenciones urbanas en espacio público.

Conscientes de nuestras limitaciones de partida, dado que el festival nace de un grupo de artistas y gestores independientes, hemos intentado reinventarnos continuamente, manteniendo siempre un compromiso con la creatividad y la experimentación en materia de producción artística. Esta línea de trabajo, que nos ha convertido cada año en modelo y referente para iniciativas similares, dentro y fuera de la ciudad, es la que ha propiciado que Intramurs haya sido reconocido, en 2018, como primer proyecto finalista en la categoría de participación ciudadana de los premios de Innovación Social Ciudad de Valencia.

De las intervenciones realizadas en el espacio público durante Intramurs, en la primera edición, uno de los más interesantes fue la intervención del colectivo Trashformaciones en la plaza del Músic López-Chávarri. Una instalación que, temporalmente, proporcionó un mínimo sentido al vacío central de esta inhóspita plaza, transformándola en un aparcamiento de coches aplastados, hasta el punto de reducirlos a la bidimensionalidad, en el que los niños jugaban sobre la chatarrra. 

Se alentaba, así, una reflexión sobre las políticas municipales del momento, tanto sobre las concernientes a la movilidad como a la conservación –o destrucción- del paisaje urbano. Pero ese mismo año también fue en el que pudimos disfrutar de un mural conjunto en la plaza de la Botxa donde Pichiavo, los artistas que este año han diseñado y pintado la falla municipal, junto con otros como Toni Espinar, Julietta, Deith, Barbiturikills, Xenon, Diox, llevaron a cabo una obra conjunta que describe la evolución de los gusanos que llegan a convertirse en el tejido de la seda, un mural de más de cien metros cuadrados que necesitó de la gestión del colectivo Ciutat Vella Batega junto con Intramurs para poder realizarse, ya que se trata de la trasera del convento de Carmelitas que se encuentra en Guillem de Castro.

En la segunda edición, la pieza más emblemática fue la instalación de Monique Bastians, quien construyo en la plaza de la Mare de Déu, con la colaboración de miles de valencianos, un gigantesco campo de cebada. La obra mantenía un doble dialogo, tanto con la historia de la ciudad, por medio de la referencia formal a las acequias y al Tribunal de les Aigües, como con el presente y futuro del lugar, al ser la primera intervención artística de carácter no religioso, aunque una ofrenda participativa, que ocupaba este simbólico espacio.

Monique Bastians. «Ejercicios para crecer«

Pero también hay que destacar el mural que Boa Mistura llevó a cabo en una medianera de la calle de Roger de Flor, donde la palabra “Canvi” se entrecruzaba junto con otros elementos alegóricos para augurar ese prometido cambio social. Ese año también recibimos la visita del artista canario Kop Tropical y del bonaerense Cabaio para realizar sus intervenciones, una en la plaza de Viriato, que todavía persiste y la otra, que desgraciadamente no, en la calle adjunta de Carrasquer.

De ese año también quiero destacar el impresionante proyecto que Isbel Messeguer presentó en el Solar del IVAM. “Más apretadas que con licra”, fue un brillante y divertido desfile de modelos “vestidas” por artistas del grafiti que pintaron sus cuerpos desnudos como si de muros vivientes se tratara.

Isbel Messeguer. “Más apretadas que con licra

En 2017 presentamos dos grandes intervenciones urbanas, pero está vez de carácter performático, la Misa Patólica de Leo Bassi y el Tracapelló de Marcel·lí Antúnez. Las dos tuvieron como fondo las emblemáticas Torres dels Serrans y si en la primera se abordaba en clave cirquense el tema de la religión, incluyendo una descomunal divinidad con forma de pato (de bañera), en la segunda se trataba el tema del populismo político en clave carnavalesca y fallera con una lúdica aportación a nuestra cultura festiva: la batalla de harina que precedió a la cremà final del Tracapelló.

Dos arriesgadas producciones que reclamaron la participación de numerosos voluntarios -sobre todo en el caso del proyecto de Antúnez que se acercaron al centenar- confabulados para alterar el pulso vital de la ciudad y llenar la plaza dels Furs y alrededores de intensas vibraciones artísticas, pero también de ácidas, aunque siempre divertidas, críticas al Sistema.

PichiAvo graffiti Festival Intramurs Valencia 2014

La experiencia del arte en vivo, principal fuente de energía en Intramurs, que aparece cada año, en las calles, plazas y jardines de Ciutat Vella, estimulando las más diversas reflexiones, sensaciones y emociones; esas que sólo el arte más participativo es capaz de ofrecer, seguro que inspira para este año 2019 al dúo artístico Pichiavo reconocidos por su habilidad para crear relaciones entre arte, arquitectura, escultura, espacio y contextos sociales, para sorprendernos con un enfoque altamente atractivo, performativo y participativo con su visión de deconstrucción del arte clásico y del más actual arte urbano.

Salvia Ferrer Boullosa

Dirección de Intramurs

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