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La Congelada de la Uva – Rocío Boliver,

México D.F. 1956

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La Congelada de Uva, alias Rocío Boliver, es la performancera más polémica de este país y probablemente de muchos otros. Es la perturbadora de las buenas conciencias, aunque también llega a incomodar a las más liberales. Es la performancera que más críticas recibe y a la vez una de las que más personas reúne para ver sus acciones. Su trabajo es bizarro, grotesco y descarnado, con la particularidad de que sus herramientas son sus genitales.

Rocío adoptó su seudónimo luego de realizar un performance que consistió en masturbarse con una congelada de uva, pero ha presentado acciones tan extremas como amarrarse las piernas tras la nuca y comer rollitos de sushi que traía en los genitales. Claro, todo con el ritual de los palillos, la salsa de soya y los adornos de ese tipo de comida.

Boliver no fue una niña como las demás. Asegura que a los 12 años de edad ya había leído al Marqués de Sade, Nietzsche, Jean-Paul Sartre y Franz Kafka. Una enfermedad en el riñón provocó que de los 11 a los 16 años permaneciera en su casa, devorando los libros que había en la biblioteca de sus padres: ella, una española que llegó a México en la época de la Guerra Civil; y él, el pintor y muralista mexicano Ángel Boliver, de quien se pueden ver ejemplos de sus obras en el Castillo de Chapultepec.

“Crecí en un ambiente en donde lo cotidiano era la cultura, la modelo desnuda. Somos cinco hermanos y cuatro somos artistas. Tengo otras dos medias hermanas, una estudió cine en Nueva York y la otra está en Londres y estudió Letras Inglesas. Mi abuelo materno, Enrique Jiménez, fue matemático y rector en la Universidad de Sevilla.

“Así que creo que como mi educación fue diferente al resto de la gente, sin socializar con otras mujeres y hombres, yo me lo inventé todo de otras formas y cuando salí al mundo, mi lectura de la realidad fue diferente”.

Al ser una mujer alta, rubia y con ojos verdes, desde muy joven Rocío era buscada para participar en comerciales de televisión. Entró al mundo del modelaje de ropa de diseñador y eso la llevó a viajar por Europa. “Después conocí a un tipo millonario y me salí del modelaje para meterme al mundo de los negocios. Tenía como 20 años de edad y empecé a ganar muchísimo dinero al grado de tomar un avión privado para ir a donde yo quisiera, gastar en los mejores hoteles, carros, restaurantes, joyas y ropa.

“Luego que me separé de él me gasté todo el dinero que me quedaba en viajes, en ropa y firmar y firmar hasta que un día me dijeron que ya no tenía dinero”. Entonces tuvo que trabajar. Aunque no estudió comunicación, participó como conductora en una televisora de Guerrero, en Radio UNAM, en la Televisión Mexiquense y hasta en el sistema informativo Eco, de Televisa, que encabezaba Jacobo Zabludovsky. Fue directora de prensa en la Secretaría de Gobernación y desde entonces ya hacía textos “eróticos, guarros y sexosos”. En 1994 comenzó a estudiar Filosofía en la Universidad Autónoma del Estado de México e inició su carrera como performancera.

Comenzó a llevar una doble vida: Rocío Boliver, la funcionaria de Gobernación; y Congelada de Uva, la performancera. “Me censuraron y tuve que salir de Gobernación porque me dijeron que no podía ser la directora de prensa y enseñar la cola”.

¿Por qué la Congelada de Uva asusta a las buenas conciencias?

Porque mi discurso es muy directo y es sobre la sexualidad. Cuando empecé a hacer performance yo pensaba que la gente se sacaba de onda en México porque así es esta sociedad, pero me ha tocado presentarme en países como Suiza y ver que la gente igual se friquea. Me he dado cuenta de que la sexualidad es el talón de Aquiles en todo el mundo, y cuando lo tratas de una manera tan abierta, tan aparentemente soez, grotesca, como un madrazo, mucha gente no lo acepta, lo quieren suavecito o disfrazado, pero yo se los aviento como va.

Hay mucha gente que se enoja porque mis genitales están presentes de manera explícita en mi trabajo. Lo importante es que he acercado a la gente a mis genitales de una manera abstracta y conceptual, que durante una acción pueden estar depilándome el pubis con unas pinzas, vello por vello, y llega un momento en que ese acto se transforma y pierden la conciencia de que es una vagina y así la desmitifico. El objetivo es acercarse al sexo de una manera en donde no se ve como algo pecaminoso.

Eres conscientemente provocadora. ¿Si no fuera el sexo lo prohibido trabajarías con otro tema?

Completamente. Buscaría algo más que provocara a la gente. Soy provocativa. Salvador Dalí decía que para que la gente te tome en cuenta, hay que provocarlos. Esto lo leí antes de ser provocadora pero ya antes era muy exhibicionista. No me gusta el performance minimal, me gusta atacar al público. Mi maestro (Juan José) Gurrola decía que el mejor performance es aquél que no se entiende, que te llega de madrazo al inconsciente y te deja aturdido, no es de lectura inmediata.

¿El tuyo, como el de Dalí, es un personaje o es una la Congelada de Uva en el escenario y otra en la vida cotidiana?

Aunque quieras ser un performancero independientemente de tu vida no puedes. El performancero lleva una vida performática, porque de todo lo que te alimentas es de lo que vas sacando tu trabajo. Si sales a la calle tienes que ver qué provocas, aunque nadie te esté tomando una foto, ni haya público. Te tienes que exponer a la crítica, al ridículo, a que crean que eres una loca, a hacer cosas que no se deben hacer, es una exposición de la persona en la vida cotidiana.

¿El desnudo ha hecho a la artista o el desnudo podría poner en riesgo el trabajo de la artista?

Hay muchos que dicen que la Congelada sólo se encuera y ese es su performance, pero eso lo pueden decir quienes no han visto mi trabajo, porque independientemente de que me encuere o no, cada performance tiene un concepto, una lectura, un trabajo diferente. Para mí es importante el desnudo porque ésa es mi propuesta, estoy trastocando los problemas que a mí me cuestionan: saber si soy puta porque me gusta tener sexo, no con uno sino con varios hombres. Pero al mismo tiempo soy virginal en el sentido de que soy una madre responsable con un hijo de 17 años de edad.

Ningún desnudo ha sido gratuito, siempre hay un trasfondo, una lectura más allá del desnudo. Me siento muy orgullosa de mi trabajo y soy la más autocrítica, ninguna de mis críticas me ha insultado tanto como yo misma.

¿Pero no es repetitivo meter y sacar cosas de tu vagina?

Quien diga eso es porque no conoce mis piezas, han visto uno o dos performances, pero no conocen mi trabajo. Hay una cantidad de propuestas que muchos otros tratan de hacer. Yo soy post feminista, pero no creo en que las mujeres tengamos que juntarnos para chingarnos a los hombres. Mi bandera no son las muertas de Juárez, y no porque no me duela que las hayan matado, sino porque no enarbolo banderas.

El feminismo puro es: nosotras somos iguales o más chingonas que los hombres. A mí no me importa. Yo lo que digo es que soy feliz siendo mujer y no me peleo con los hombres, al contrario. Por eso las feministas son mis peores enemigas, me odian porque dicen que yo me presento como un objeto sexual. Pues sí, soy un ente sexual que me gusta excitar, que me gusta el sadomasoquismo ¿Por qué limitarme?
¿Cuándo el sexo es bueno o comienza a ser pecado?

Este ente sexual que se manifiesta ¿también tiene una propuesta artística?

Me acaban de invitar al Festival Mad, en España, que es uno de los mejores en ese país. Voy a estar en el círculo de Bellas Artes de Madrid, uno de los lugares más excelsos en el arte. En Nueva York, me invitan a la Tisch School of the Arts. ‘Arts’ significa arte, entonces yo creo que ellos se imaginan que lo que hago es arte. Igual y yo hago pura putería, de hecho, mi maestro, Juan José Gurrola, decía que le encantaba que yo dijera que hacía perfffumes, es decir, el término que le quieran poner a mi trabajo no me importa, la academia no me importa. Que los críticos de arte digan que mi propuesta no es artística me vale porque yo sé que sí. Ahí están las pruebas de que mi trabajo se ha ido valuando, así que no tengo que defenderlo, que lo vean y lo critiquen los otros.

¿Una teibolera podría estar haciendo performance sin saberlo?

Annie Sprinkle es una prostituta de Nueva York que además trae una propuesta artística. Uno de sus performances más reconocidos es cuando se mete un espejo de los que usan los ginecólogos y se abre la vagina y entonces ya no sólo era verle el pubis, los labios y los vellos, sino asomarse al fondo de su vagina y eso ya es de una lectura mucho más complicada. Las teiboleras no son performanceras porque no están haciendo un acto con un concepto, solamente están bailando para ganar dinero.

En algún momento dudé de mi condición de artista, de pensar si realmente lo que estaba haciendo no era sólo exhibicionismo, pero ahora estoy más que convencida de que mi trabajo tiene ideas interesantes, buena manufactura y donde me presento hay reacciones del público, aún cuando les choque, les está moviendo algo.

¿Qué influencia tuvo Juan José Gurrola en tu carrera?

Cuando yo empecé a hacer todo este tipo de cosas, enseguida muchos se me fueron encima diciendo que eso no era performance. Y Gurrola me decía “chíngatelos”, esa es la estética. Mientras todos los demás me decían loca y puta, él y Rosa Gurrola siempre me apoyaron.

Ahora quizá algunos se salgan de mis performances, pero antes eran mentadas de madre y no me bajaban de puta. Me dejaron de dar chamba. Tuve que ser muy fuerte para que la censura, el señalamiento de la gente y la crítica no me hicieran pomada.

¿Siempre te tuvo sin cuidado lo que pensaran de ti?

Ahora me vale madre, pero creeme que al principio fue difícil y a veces todavía lo es.

¿Y dentro de tu familia cómo lo toman?

Afortunadamente vengo de una familia en donde los desnudos ahí están en toda la obra de mi padre. Pero mi madre se quedó en la onda de que el arte es el Renacimiento, los impresionistas y todavía el cubismo y Picasso, pero no me entiende. Me dice: yo sé que dicen que lo que tú haces es arte, pero yo no te puedo ver, perdóname. Pero luego le digo: mamá necesito hacer un pene de dos metros, ayúdame a coserlo. Y ahí está metiéndole el algodón y me ayuda. Cuando he hecho performances con alambres de púas y llego lastimada o llena de moretones, ella sólo hace: ayayay.

¿Y cómo te va con tu hijo?

Cuando está de buen humor dice: mi mamá es una chingona. Dice que les he quitado la inhibición a mis alumnos. Pero cuando está de malas dice: sí claro, a ti nada más te gusta encuerarte, eso del performance nada más es un decir para enseñar todo porque eres bien puta. Por otro lado creo que reconoce y sabe que es parte de una familia de gente que no es muy ortodoxa.

¿Tiene límites la Congelada de Uva?

Bueno, me como mi propio excremento, pero el de los demás… sólo de quien estoy enamorada. El performance más hard core que he hecho fue comerme mi caca.

¿Y cuál era la propuesta artística de una pieza como esa?

Lo que pasa es que había todo un contexto antes de comérmela. En sí se trataba de comerla no como el accionismo vienés, sino como parte de un rito erótico, pero mi erotismo no es sublime, como en la poesía, yo digo lo mismo que los poetas pero con un lenguaje directo que a la mayoría no le gusta.

¿Dejarías algún día el performance?

No. Ahí está Esther Ferrer, que es una performancera que ahora vive en Francia, tiene 70 años y se sigue desnudando en sus performances. El otro día me decían que yo ya estaba muy ruca para encuerarme. Yo creo que no hay una edad para desnudarse, las teiboleras sí porque entonces no les van a pagar, pero el performancero no es un modelo de televisión, para el performancero su cuerpo es su instrumento antes que otra cosa. Hasta he pensado en hacer un performance post mortem, que dejaré escrito para que antes que entreguen el cuerpo hagan algo conmigo, tal vez donarlo para que se haga un performance científico o algo por el estilo.

¿Alguna vez veremos un performance de la Congelada de Uva en el que no sea necesario quitarse la ropa?

Sí he hecho, aunque son pocos. Estoy consciente que ya no tengo el cuerpo de antes, tengo las carnes más caídas, un poco de celulitis y eso me preocupaba, pero ahora esos son elementos que voy a utilizar en mis piezas para hablar justamente del deterioro del cuerpo, del valor de la juventud, de la degradación de las personas por ser mayores, de la falta de la sexualidad y oportunidades.

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